PIEDRA VIRGEN: EL RETORNO DEL ÁNGEL CAÍDO es el nuevo libro de Doris Sánchez de Polanco

Reseñas

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Iniciamos con la reseña sobre el Llanto de Panamá realizada por Doris Sánchez de Polanco:
Serrano de Haro, A. (1984). Llanto de Panamá. Madrid: Ediciones Cultural Hispánica Instituto de Cooperación Iberoamericana, pp. 241.

El diplomático español Antonio Serrano de Haro presenta la reedición de Llanto de Panamá, publicada por primera vez en 1642. Esta edición, estudio y notas se completa con un cuadro histórico sobre la investigación realizada acerca del gobierno de Panamá, las biografías de una generación barroca de poetas panameños y los textos que ellos escribieron como elogio fúnebre en honor del gobernador de Panamá don Enrique Enríquez de Sotomayor, fallecido en 1638.  
            En el prólogo de Carlos Manuel Gasteazoro se afirma que con esta obra se establecerán lazos de confraternidad intelectual entre España y esta antigua posesión de ultramar (Panamá). Se estrecharán los vínculos espirituales entre dos pueblos que comparten una herencia común, pues el estudio de Llanto de Panamá invita a la comprensión de la realidad histórica y no a la censura infructuosa, dejando atrás la leyenda negra y la idílica para dar paso a las investigaciones objetivas.
            El primer apartado se informa sobre la publicación del antiguo librito que recoge la biografía del difunto y de los ingenios panameños que dedicaron una corona poética a su muerte. Se trata de una pieza tan rara que al no encontrarse disponible en bibliotecas y comercios no pudo tenerse en cuenta por quienes han estudiado los aspectos culturales de la época colonial en Panamá y, lamenta el autor, que esta interesante colección de poesía barroca haya quedado fuera de la documentación de aquel periodo.  Nos comenta que se sintió atraído por la historia social y literaria panameña, y es por ello que al residir en Panamá como embajador, le pareció más que justificada acompañar la reedición del libro con las investigaciones realizadas por él sobre el gobierno de Enríquez y los poetas que escribieron la corona fúnebre.
            La segunda parte de la obra, denominada El héroe, nos revela que don Enrique Enríquez era un militar antes de venir a Panamá, conforme se cita en los versos del homenaje fúnebre en el que se exaltan las virtudes del difunto y aunque las composiciones poéticas aluden a la biografía del gobernador, Serrano de Haro nos refiere que es Mateo de Ribera quien relata en prosa, detalladamente, la vida del desaparecido gobernador Enrique Enríquez de Sotomayor.
            Con el nombre genérico de El llanto son conocidas las cuarenta y dos  composiciones poéticas incluidas en Llanto de Panamá, las cuales fueron sometidas a un análisis pormenorizado por Antonio Serrano de Haro, quien nos afirma que: “En síntesis, la compilación panameña revela un amplio y profundo conocimiento de la poética en uso en la Península.” (Serrano, 1984, p.65); sin embargo, este planteamiento se contradice con lo que Gastezoro indica en el prólogo, pues al referirse a este aspecto señala que: “salvo importantes excepciones, no sería posible ubicar a sus autores en el importante oficio de poetas”, a quienes denomina como “rimadores que dieron su modesto aporte”. (p.13)
            El apartado dedicado a los poetas refiere que son catorce los que aparecen identificados en el manuscrito, pero que además hay diez composiciones que no figuran en ese documento y por lo tanto son anónimas. Entre los autores el que más destaca es Mateo de Ribera, quien hace el mayor aporte a este volumen. Serrano de Haro le atribuye también al obispo poeta algunas de las inspiraciones anónimas del Llanto de Panamá, entre ellas la que constituye la joya de la corona poética, su Canción I.
            En la parte designada al discurso biográfico se menciona al hermano del difunto gobernador, don Alonso Enríquez de Sotomayor, quien auspició la obra.  En este segmento Mateo de Ribera narra las hazañas del gobernador don Enrique cuando pacificó a los “indios silvestres deste Reino” (p.124), refiriéndose en esos términos a los indígenas que habitaban en Panamá, los cuales, según el mismo apunta, estuvieron escondidos por tantos años “que a juicio de todos se habían acabado”. (p. 124) Sin embargo, habiéndose ganado su buena voluntad, los catequizó, evangelizó y sin derramamiento de sangre logró hacerlos sus vasallos, por lo que en los tres años que estuvo en Panamá pudo gobernar con mucha quietud.
            La corona fúnebre incluye una nota a manera de prólogo que se encuentra en el manuscrito, pero que no se reproduce en el texto impreso en 1642; en esta sección se hallan  las composiciones poéticas, tales como las canciones, sonetos, liras, octavas, décimas, endechas, glosa, jeroglíficos, epitafios y decásticon.
            Al final se anexan algunos apéndices por Mateo de Ribera como la “Dedicatoria de la obra a don Alonso Enríquez” y una nota “Al que leyere”, en la cual revela su deseo de que la obra trascienda y se divulgue más allá de la presentación en las honras fúnebres.
            La obra de Antonio Serrano de Haro, sin lugar a dudas enriquece las letras panameñas y es un referente obligado para los estudios sobre nuestra literatura colonial. De ello se han hecho eco diferentes autores, entre los que podemos citar a Alfredo Castillero Calvo, que invitan al lector a escudriñar en sus páginas para descubrir muchos hechos que  desconocemos y que están allí esperando a que tomemos la decisión de adentrarnos en ellas.

4 comentarios:

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  2. El saber que hoy en día, tomando en cuenta las múltiples distracciones, entretenimientos y temas que acaparan prácticamente toda la atención del panameño, existan quienes mantienen el deseo de seguir aportando a la literatura nacional, me satisface absolutamente. Y no es solo eso, sino que a la vez juegan un papel fundamental en la historia, pues el remontarse a los antepasados para descubrir los orígenes y pioneros de nuestra literatura hace que mantengamos vivo el recuerdo nuestra historia, incluyendo los acontecimientos que de una u otra forma contribuyeron a formar la nación que somos. Un verdadero aplauso a el Llanto de Panamá, una obra que revela el origen barroco de la literatura colonial panameña.

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  3. Si bien es gratificante saber que contamos con obras que nos ayudan a entender la cronología de los acontecimientos que nos han hecho llegar aquí, hace falta una verdadera campaña lectora, que invite a cada ciudadano a ilustrarse y hacer mayor el conocimiento general de la historia que nos atraviesa. Una mezcla entre nuestros caminos recorridos y los autores poéticos que armonizaron aquellas épocas, una pasión para cualquiera que se sienta atraído por las letras.

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  4. Gracias por tus comentarios Elvis. Como dices es muy importante conocer nuestros orígenes para proyectarnos hacia el futuro. Panamá es un país de una cultura literaria muy antigua, pero lastimosamente no todos lo saben.

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